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Coche rayado

Hará como doce años conocí a un hombre algo curioso. Acababa de comprarse un coche que me describió con todo lujo de detalles. Tenía de esto y de aquello otro, no le faltaba de nada al coche. En un momento dado, le pregunté: “Oye, ¿y de qué color es?“ “Ay, pues… – se quedó pensando y tardó un par de segundos en reaccionar – Verde, me parece que es verde”.

Al ver mi cara de extrañeza, el buen hombre sonrió y me confesó su forma de pensar. En realidad, a él no le preocupaba la apariencia exterior del vehículo. Hombre, no se hubiera comprado un coche que considerara rematadamente feo, pero en cuanto al color… ¿qué más le daba? “Al final, cuando voy conduciendo el color lo ve la gente que hay en la calle, no yo”, me dijo.

Con el correr de los años, me doy cuenta de que la mayoría de nosotros elegimos y compramos nuestros coches dando por supuesto que la pintura que los cubrirá será en muchas ocasiones de un color concreto y desde luego metalizada. Y esto último se paga, no sólo en el concesionario, sino a lo largo de la vida del vehículo.

Me surge la duda: ¿Es necesario tener pintura metalizada en el coche?

La diferencia en el precio de adquisición de un coche mediano puede rondar los 300 o 400 euros. ¿Qué son 300 o 400 euros cuando hablamos del precio total de un coche? Pues 300 o 400 euros mismamente, que igual nos dan casi para la alimentación de un mes, por decir algo. Es decir, no se trata de comparar ese sobrecoste con el coste global del vehículo, que puede quedar fácilmente diluido, sino de darle a cada euro la importancia que merece.

Claro está que una mano más de pintura siempre brinda al coche una protección adicional ante los fenómenos atmosféricos y la erosión de todas las partículas que nos saltan cuando circulamos. Pero se trata de una capa que nos pasa factura cuando hay un golpe de por medio. Las reparaciones de plancha siempre serán más caras con una pintura metalizada que con una que no lo sea.

Quizá por esto, la pintura metalizada tiene un efecto sobre la actitud de las personas. En efecto, tener un coche con pintura metalizada hace que nosotros, como propietarios del vehículo, experimentemos una sensación cercana al infarto cada vez que al recoger nuestro vehículo en un parking público descubrimos que algún [espacio disponible para insultos] ha tenido a bien dejar su impronta sobre la carrocería de nuestro querido coche.

¿Merece la pena ese gasto económico? ¿Y ese desgaste personal?

Foto | Flickr (Material Boy)

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