Hace unos meses, el Disseny Hub Barcelona (DHUB), conjuntamente con las asociaciones ADIFAD y ADG-FAD, presentaron en la Sala de Exposiciones del FAD (Fomento de las Artes y del Diseño) una exposición sobre el fenómeno low cost, entendido como un proceso económico que se puede considerar la quintaesencia del capitalismo.
La muestra quiso hacer reflexionar a los visitantes sobre este fenómeno, que no tiene nada de nuevo, ni tiene que ver en modo alguno con la crisis económica, sino que va implícitamente ligado al capitalismo y la producción masiva, de bajo coste y alta difusión… en definitiva, el consumo de masas. ¿El low cost nos hace libres o cómplices del sistema?
Desde finales del siglo XIX, con el lanzamiento de las bicicletas modernas, y pocos años después con el lanzamiento del primer modelo de coche de gran difusión, el Ford T, apareció el fenómeno del low cost, productos estandarizados de bajo coste y consumo masivo.
Estos medios personales de transporte traen a una creciente demanda de autogestión, tanto en su manejo como en su mantenimiento. Su reparación, puesta a punto y mejora consolidan la vía do-it-yourself (hazlo tú mismo), lo cual recluye gradualmente al individuo en su hogar. Es el comienzo de negocios como el de Ikea.
Paralelamente, los servicios optimizan sus recursos y se acercan al consumidor, a través del self-service, saltándose parte de la cadena de valor añadido. Ya en los años 80, y más entrados en los 90, la desregularización del sistema económico y del transporte conduce al nacimiento de los vuelos aéreos low cost.
La proliferación del uso de tecnologías y medios de comunicación digitales, logran que el consumidor contacte directamente, y sin intermediarios, con el proveedor de sus servicios. Esto, por una parte, “democratiza” el acceso al consumo de todo tipo de servicios y productos a todas las capas sociales, pero por otro lado, “profesionaliza” el tiempo libre y de la gestión familiar y doméstica, conduciendo al bricolage, a la jardinería, al montaje sus propios los muebles, a la tienda de campaña, a la caravana, a la automedicación… pero también al crédito o al pago a plazos, haciendo posible la paradoja de disponer de más servicios sin gastar, aparentemente, más dinero.
Progresivamente, la autogestión ha dejado de ser una simple función, para convertirse, con el tiempo, en una forma de vida que hace del ciudadano co-responsable del sistema.
La pujanza del término low cost en un período de crisis no ha de esconder el hecho que el capitalismo es, desde sus inicios, low cost.
Imagen l mconnors en morguefile.com
Vía l fad
En Ahorro diario l Downshifting, vive con menos cosas, disfruta más la vida
Comentarios
no entiendo lo que se quiere decir en este artículo..
El artículo trata de reflexionar sobre el fenómeno low cost y su falsa imagen de que sea algo nuevo y revolucionario, pues si se analiza la historia del capitalismo, vemos que siempre ha ido de la mano del "low cost"...
El "lowcostismo" es una de esas cosas que mayor mal han hecho a la sociedad. Como es barato, se hace accesible, se deflaciona el precio deflacionando la calidad, acelerando su caducidad, pero a la vez provocando que el flujo de crecimiento se estanque. Hace 20 años un trabajador ganaba 150.000 pesetas y unos vaqueros costaban 5.000. Ahora, gracias a "Zara" y similares, unos vaqueros cuestan 30 euros, el trabajador sigue ganando 900 euros, pero con una diferencia. Los vaqueros de antes eran buenos y duraban 5 años, y estos a la de dos hay que tirarlos de malos que son, porque unos que duren 5 años cuestan 90. Con lo cual, el esfuerzo que tenia que hacer el trabajador antes para cubrir el coste de 5 años de sus vaqueros, era mucho menor al que tienen que hacer ahora para sacar esos 5 años de vaqueros, ya que tiene que comprar el triple de prendas. Ahora todo es más barato, nosotros como trabajadores también, pero somos mucho más fácilmente reemplazables (como trabajadores también) y más perecederos. Y encima, por la tontería, valoramos más cantidad o precio que calidad. Y eso a la larga, se paga muy caro (no la calidad, sino el hecho de equivocar neustra escala de valores). Error garrafal el nuestro como sociedad. Por eso, jovenes, universitarios y la mejor generación que ha tenido españa en preparaci´pn, no va a llegar, ni de lejos, a los estándares de bienestar y calidad de vida que han tenido nuestros padres, currantes, humildes, y, en bastantes casos, carentes de una preparación académica completa.
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