Te invito a mi boda

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Llega el correo, vas pasando los sobres y ves a la legua un sobre un poco más grande de lo normal, uno que no pasa desapercibido, es más brillante y bonito que los otros y pone en letras bonitas Sr. y Sra. López, por ejemplo. Es una invitación de boda, quizás a lo largo del año te lleguen más, por ello hay que plantearse si debes o no debes acudir a tanto “evento social”. La obligada “espiga” puede descalabrar por completo tu economía.

Lo primero que debemos de tener en cuenta es el nexo que nos une con la persona que se casa o en su defecto con los padres de los novios (si son ellos quienes nos invitan). Si es una boda de un familiar directo, un compañero de trabajo o vecino de toda la vida o un amigo de los de verdad, no hay escapatoria. Sin embargo hay que plantearse la necesidad de decir NO a aquellas invitaciones que nos llegan como por arte de magia.

Amigos de la infancia que no vemos hace diez años, hijos de primos hermanos de tus padres que solo conoces de algún entierro, vecinos nuevos en la escalera, compañero de trabajo con el cual solo coincidimos en el ascensor, hijos de amistades lejanas que no conoces de nada…..La lista no se acabaría nunca, mucha gente engorda la lista de boda por el simple afán recaudatorio.

Hay que tener en cuenta que además del “sobre” hay otros gastos añadidos como pueden ser el transporte y el alojamiento hasta la localidad de la novia, la ropa/calzado de ese día, peluquería, los gastos hasta que se entra al banquete, el día anterior y posterior y muchos más. Pues piensa y pregúntate ¿quiero? y lo más importante ¿puedo ir?.

Imagen | W1LL13 en Flickr

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