
A día de hoy una conexión 3G es más un lujo o una obligación que una buena opción para navegar por internet. Es casi como volver a los primeros tiempos de la red, cuando conectarte te salía por un ojo de la cara y encima tenías que aguantar que no hubiese tarifa plana.
En las conexiones 3G lo que nos importa económicamente es el consumo de datos que hacemos. No hay una tarifa plana real, sino que pagamos por lo que descargamos a nuestro ordenador. Así que la tarea fundamental es reducir el tráfico de datos para ahorrar dinero.
Para ello tendremos que meternos de nuevo en la mentalidad de hace diez años y controlar el tiempo que pasamos conectados pero, también, reducir las aplicaciones que no nos sean indispensables.
