
Hoy os quiero proponer una alternativa lúdica que, por desgracia, no está tan extendida como se merece: los juegos de rol. Quizás por desconocimiento, o por estar ligados desde su nacimiento a los comics, la fantasía y la ciencia ficción, es muy común el tener una visión completamente equivocada de este pasatiempo, como si fuera algo “de frikis”.
El rol no es más que un juego de mesa, con una serie de reglas, unos objetivos para lograr el éxito, y con un toque de azar. Es sólo que este juego es tan grande, que casi no tiene límites, y eso es lo que lo diferencia de los juegos de mesa clásicos. Para empezar, en el rol los jugadores no compiten: colaboran para llegar a buen término. Y el trascurso de una partida depende de la imaginación de los jugadores, y no tanto del azar.
Pero, ¿qué es el rol? No es más que jugar a interpretar una obra de teatro, en la que el guión sólo está esbozado. El director presenta a los jugadores un escenario, que no tiene por qué ser de fantasía, y los jugadores deben imaginar qué podrían hacer sus personajes para resolver la situación, combinando lo mejor que cada uno puede ofrecer.




