Tras repasar la forma de reducir el gasto eléctrico del frigorífico y del televisor, llega el turno de otros dos tragones de energía de nuestros hogares: la lavadora y el lavavajillas. Ambos nos deben ofrecer la posibilidad de elegir ciclos cortos y económicos, con los que podamos llenarlos a media carga.
También deben contar con la posibilidad de regular la temperatura del agua. El mayor gasto en la lavadora y el lavavajillas se produce al calentar el agua. Cuanto más fría la seleccionemos, menos electricidad consumiremos. Además, en el caso de la lavadora, con el agua más fría, menos se deteriora la ropa y más se puede alargar su vida útil.
Lavando con agua fría o templada se consigue la misma eficacia gracias a los detergentes tan efectivos que se venden hoy en día. Y ya vimos que utilizar detergente en exceso es contraproducente.

