
La mayoría de la gente hace justo lo contrario. Primero paga al banco, al fontanero, a su mecánico, al supermercado, al kioskero, a la compañía de la luz, la del agua y la del gas, y si les sobra algo al terminar el mes será lo que ahorren. Ese es el gran error, si pones tu ahorro en último lugar, posiblemente ya no te quede nada.
Probablemente ahora tu esquema de gastos podría resumirse así:
gastos básicos > ocio y caprichos > ahorro e inversiones
Hazlo al revés, ¡ponte tú por delante de todos los demás! Antes de decidir el orden de tus prioridades pregúntate cuales son tus objetivos. Lo que podríamos traducir por “¿prefieres un caramelo ahora o tres mañana?” Tus prioridades deberían quedar así:
