
Generalmente no se considera de buena educación sacar la calculadora y comprobar exactamente qué cantidad, del total de la cuenta, corresponde a cada comensal abonar. Lo políticamente correcto no suele ser que cada uno pague lo suyo y sin embargo esto puede dar lugar a situaciones tan disparatadas y absurdas como las siguientes:
Situación hipotética 1: quedas con un grupo de amigos para tomar algo. En principio sólo tienes pensado tomarte un par de cervezas, pero empiezan a invitar a rondas completas y quien menos se pide un combinado. Si paras de beber pueden pensar de ti que eres un aprovechado y quieres escaquearte de pagar cuando sea tu turno, por lo que no te queda más remedio que invitar a una ronda antes de retirarte. Lo que en principio iban a ser 2 cervezas al final te ha salido por el precio de 8 cubatas.

