En mayor o menor medida, prácticamente todo el mundo tiene la necesidad de comer y beber algo en su trabajo. Suelen ser pequeños gastos diarios que, en suma, pueden llegar a ser un buen pico.
Desde el desayuno en el bar con los compañeros, hasta el menú del día en el comedor del trabajo o en un bar-restaurante. Pasando por los snacks y aperitivos de las máquinas de vending, y los cafés o refrescos a lo largo de la jornada laboral.

